La alfarería, una tradición milenaria

Los pobladores del Salado eran expertos alfareros, manufacturaron sus vasijas seleccionando las materias primas. Recolectaron barros arcillosos a orillas de los ríos y lagunas, los procesaron y así elaboraron sus contenedores usando diferentes técnicas haciendo rollos y modelando. Para la cocción de la cerámica utilizaron la leña autóctona: el tala y el molle. Los diversas recipientes cerámicos fueron empleados en la vida cotidiana para cocinar, almacenar alimentos y líquidos, servir y consumir las comidas.
 

Las decoraciones se realizaron utilizando diversos instrumentos de hueso, madera o piedra que les permitían hacer diferentes trazos según la elección del alfarero. Las pinturas con las que decoraban las vasijas estaban hechas con pigmentos a partir de minerales molidos y algunas fueron aplicadas directamente por frotación, utilizando los dedos o empleando pinceles. Por lo que sabemos hasta ahora, buscaban estos minerales en las sierras de Tandilia. Era común el uso de hematita y maghemita (óxidos de hierro) para el color rojo. Todo esto se pudo determinar a través de estudios químicos hechos por especialistas empleando las técnicas conocidas como Difracción de rayos X (DRX) y Fluorescencia de rayos X (FRX).

Además de conocer las técnicas de producción, el estudio de los fragmentos de cerámica también proporciona información sobre la alimentación. Los individuos de estas sociedades del río Salado eligieron diferentes formas y tamaños de cacharros para elaborar algunas de sus comidas. En estos recipientes de cerámica quedan residuos que se pueden estudiar y analizar, de este modo, nos acercan a conocer qué alimentos cocinaron o sirvieron, qué recursos formaron parte de su dieta, de sus medicinas, también qué recursos almacenaban en estas vasijas

Realización de réplicas para el Museo Municipal Pampeano